"¿Porqué seguir soportando continuamente la misma cantinela complaciente en la radio, en la TV, en todas partes?
¿Porqué seguir participando así de esa caravana ciega de comercio y mediocridad rumbo a la muerte?
No te evadas. La música ROCK esperaría mucho tiempo por vos si no fuese tan urgente la salida al AMOR. Spinetta - Black - Bocón - PESCADO RABIOSO."
La suavidad que acompañó la dura habitación de mis dolores, alberga los colores y designios de aquellos que pretenden cambiar el mundo en un cuarto de segundo. Con un papel, lápiz y pocos años a cuestas, comencé a sentir los primeros latidos del corazón. Algo que luego entre desvelos y misterios, se fue convirtiendo en mi gran secreto. Tan así de inmenso que hoy por fin deseo compartirlo. Pero todo este sueño me produce pánico. De todas formas, ahí va…
viernes, 28 de septiembre de 2018
Plaza Baquedano
Su denominación popular de Plaza Italia se debe a su nombre anterior (1910-1928) en agradecimiento a la instalación del Monumento al Genio de la Libertad del artista ítalo-argentino Roberto Negri, con motivo del Centenario de Chile.
Cuando chico, oía decir que era el punto que dividía en dos partes la cuidad, el barrio alto del bajo y que ahí comenzaba otro mundo. Aún recuerdo con nostalgia ese día en que pude cruzar esa barrera, en una micro "Canal San Carlos" con así unas pepas abiertas, atento a que no se me fueran a pasar los Extraterrestres de los que tanto me habían hablado.
Cuando chico, oía decir que era el punto que dividía en dos partes la cuidad, el barrio alto del bajo y que ahí comenzaba otro mundo. Aún recuerdo con nostalgia ese día en que pude cruzar esa barrera, en una micro "Canal San Carlos" con así unas pepas abiertas, atento a que no se me fueran a pasar los Extraterrestres de los que tanto me habían hablado.
jueves, 24 de noviembre de 2016
El Lado Activo del Infinito
SINTAXIS
Hubo una explosión, dijo.
Un estallido de estallidos, y el universo nació.
Y se expande, dijo.
Había incluso calculado la duración de su vida: diez mil millones de revoluciones de
El mundo entero aclamó;
hallaron que sus cálculos eran ciencia.
Ninguno pensó que al proponer que el universo comenzó,
el hombre había meramente reflejado la sintaxis de su lengua madre;
una sintaxis que exige comienzos, como el nacimiento, y desarrollos, como la maduración,
finales, como la muerte, en tanto declaraciones de hechos.
El universo comenzó,
y está envejeciendo, el hombre nos aseguró,
y morirá, como mueren todas las cosas,
como él mismo murió luego de confirmar matemáticamente
la sintaxis de su lengua madre.
¿Es verdadera la teoría del Gran Estallido?
Éstas no son preguntas, aunque suenen como si lo fueran.
¿Es la sintaxis que requiere comienzos, desarrollos y finales en tanto declaraciones de hechos, la única sintaxis que existe?
Ésa es la verdadera pregunta.
Hay otras sintaxis.
Hay una, por ejemplo, que exige que variedades de intensidad sean tomadas como hechos.
En esa sintaxis, nada comienza y nada termina;
por lo tanto, el nacimiento no es un suceso claro y definido,
sino un tipo específico de intensidad,
y asimismo la maduración, y asimismo la muerte.
Un hombre de esa sintaxis, mirando sus ecuaciones, halla
que ha calculado suficientes variedades de intensidad para decir con autoridad
que el universo nunca comenzó
y nunca terminará,
pero que ha atravesado, atraviesa, y atravesará
infinitas fluctuaciones de intensidad.
Ese hombre bien podría concluir que el universo mismo
es la carroza de la intensidad
y que uno puede abordarla
para viajar a través de cambios sin fin.
Concluirá todo ello y mucho más,
acaso sin nunca darse cuenta
de que está meramente confirmando
la sintaxis de su lengua madre.
Prefacio de "El lado activo del infinito" de Carlos Castaneda.
domingo, 25 de septiembre de 2016
Carta a los Directores de Asilos de Locos (Antonin Artaud - "Carta a los poderes" 1925)
Señores:
Las leyes, las costumbres, les conceden el derecho de medir el espíritu.
Esta jurisdicción soberana y terrible, ustedes la ejercen con su entendimiento. No nos hagan reír. La credulidad de los pueblos civilizados, de los especialistas, de los gobernantes, reviste a la psiquiatría de inexplicables luces sobrenaturales. La profesión que ustedes ejercen está juzgada de antemano. No pensamos discutir aquí el valor de esa ciencia, ni la dudosa realidad de las enfermedades mentales. Pero por cada cien pretendidas patogenias, donde se desencadena la confusión de la materia y del espíritu, por cada cien clasificaciones donde las más vagas son también las únicas utilizables, ¿Cuántas nobles tentativas se han hecho para acercarse al mundo cerebral en el que viven todos aquellos que ustedes han encerrado? ¿Cuántos de ustedes, por ejemplo, consideran que el sueño del demente precoz o las imágenes que lo acosan, son algo más que una ensalada de palabras?
Las leyes, las costumbres, les conceden el derecho de medir el espíritu.
Esta jurisdicción soberana y terrible, ustedes la ejercen con su entendimiento. No nos hagan reír. La credulidad de los pueblos civilizados, de los especialistas, de los gobernantes, reviste a la psiquiatría de inexplicables luces sobrenaturales. La profesión que ustedes ejercen está juzgada de antemano. No pensamos discutir aquí el valor de esa ciencia, ni la dudosa realidad de las enfermedades mentales. Pero por cada cien pretendidas patogenias, donde se desencadena la confusión de la materia y del espíritu, por cada cien clasificaciones donde las más vagas son también las únicas utilizables, ¿Cuántas nobles tentativas se han hecho para acercarse al mundo cerebral en el que viven todos aquellos que ustedes han encerrado? ¿Cuántos de ustedes, por ejemplo, consideran que el sueño del demente precoz o las imágenes que lo acosan, son algo más que una ensalada de palabras?
No nos sorprende ver hasta qué punto ustedes están por debajo de una tarea para la que sólo hay muy pocos predestinados. Pero nos rebelamos contra el derecho concedido a ciertos hombres - incapacitados o no - de dar por terminadas sus investigaciones en el campo del espíritu con un veredicto de encarcelamiento perpetuo. ¡Y qué encarcelamiento! Se sabe - nunca se sabrá lo suficiente - que los asilos, lejos de ser "asilos", son cárceles horrendas donde los recluidos proveen mano de obra gratuita y cómoda, y donde la brutalidad es norma. Y ustedes toleran todo esto. El
hospicio de alienados, bajo el amparo de la ciencia y de la justicia, es comparable a los cuarteles, a las cárceles, a los penales.
No nos referimos aquí a las internaciones arbitrarias, para evitarles la molestia de un fácil desmentido. Afirmamos que gran parte de sus internados - completamente locos según la definición oficial - están también recluidos arbitrariamente. Y no podemos admitir que se impida el libre desenvolvimiento de un delirio, tan legitimo y lógico como cualquier otra serie de ideas y de actos humanos. La represión de las: reacciones antisociales es tan quimérica como inaceptable en principio. Todos los actos individuales son antisociales. Los locos son las víctimas individuales por excelencia de la dictadura social. Y en nombre de esa individualidad, que es patrimonio del hombre, reclamamos la libertad de esos galeotes de la sensibilidad, ya que no está dentro de las facultades de la ley el condenar a encierro a todos aquellos que piensan y obran.
Sin insistir en el carácter verdaderamente genial de las manifestaciones de ciertos locos, en la medida de nuestra aptitud para estimarlas, afirmamos la legitimidad absoluta de su concepción de la realidad y de todos los actos que de ella se derivan. Esperamos que mañana por la mañana, a la hora de la visita médica, recuerden esto, cuando traten de conversar sin léxico con esos hombres sobre los cuales - reconózcanlo - sólo tienen la superioridad que da la fuerza.
lunes, 13 de junio de 2016
La Casa de Asterión
Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aqui ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad.
Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo; aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.
Jorge Luis Borgues, "El Aleph"
Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo; aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.
Jorge Luis Borgues, "El Aleph"
domingo, 3 de enero de 2016
Las Puertas de la Percepción
Si las puertas de la percepción se depurasen, todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito.
Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna.
(William Blake)
Pues el hombre se ha encerrado en sí mismo hasta ver todas las cosas a través de las estrechas rendijas de su caverna.
(William Blake)
sábado, 24 de diciembre de 2011
Para Ti, Pedacito De Mi Corazón...

Querido hijo o hija:
¿Quién sabe dónde estarás ahora mismo? ¿En que parte de tu viaje estelar te encontrarás? Hay quienes dicen que no existe nada de ti aún, y hay quienes creen que tu alma está en alguna parte, y que, cuando quieras y te apetezca, vendrás a conocer a tus padres. Yo no sé cuál es la verdad, ni creo que lo sabré hasta que te pueda mirar a los ojos y conocerte. Ahí quizás sepa de dónde vienes, de que estrella, y si en tus ojos se ve la chispa de amor que te hizo venir a esta tierra.
Por mi parte yo ya te siento como mío, te veo presente en todos los bebés que veo a diario, todos se parecen a ti, todos tienen un rasgo tuyo. Me he hecho una imagen mental de mí como tu padre, y espero que alguna vez, mientras te acuno y si paso delante de un espejo, esa imagen me recuerde lo mucho que he deseado que vengas a mis brazos.
Hay quienes traen hijos al mundo sin pensarlo, sin quererlo, como por accidente. Hay quienes dicen que lo mejor es no pensarlo, dejarse llevar y que así es más fácil. Muchos creen en un error de cálculo y hasta un problema, pero ese no será tu caso Hijo/a mio/a. A nosotros tus padres, nos tildan de irresponsables por elegir este momento en el tiempo, por tener mucho amor para ti en un mundo lleno de vanidades y prejuicios, pero tu vendrás porque tienes dos padres que desean tenerte en brazos, acunarte hasta que te duermas, enseñarte el mundo y darte todo su amor porque ellos se aman, y saben que ser amado es la clave de la felicidad. Tu vendrás con intención, con premeditación y alevosía, seguramente con nocturnidad también, porque así son tus padres, ya tienen una edad adulta, saben lo que quieren y se han preparado como mejor han sabido para asumir lo que desean. A tí.
Deseo, que cuando ya seas una realidad palpable, blandita, cálida, sepas hacernos ver que debemos dejarnos llevar por nuestra intuición, nuestro amor y nuestros instintos para ser los mejores padres para ti. Lo que tú vayas necesitando será nuestra mejor guía, lo que tú vayas haciendo que brote de nuestro corazón será nuestro mejor consejo. Que así sea, porque tienes unos padres que han leído mucho, muchísimo, que han escuchado muchas experiencias de otros y a los que les va a costar relajarse y dejarse llevar, tú nos ayudarás, ¿verdad?.
Hasta que llegues a nuestras vidas, vamos a irte haciendo, si no te importa, un lugar cálido y blandito en nuestro corazón. Para ello vamos a cuidar mucho el amor que ya nos tenemos papá y mamá, haremos que crezca y evolucione para hacerse cada día más fuerte. Intentaremos no ser demasiado impacientes hasta que llegues, ocupándonos de vivir intensamente el momento, disfrutar los dones que ya tenemos y sobre todo, SER FELICES.
Hasta pronto,Tu Papa
lunes, 14 de noviembre de 2011
Atardecer

Las nubes rojas de esa tarde de domingo, traían consigo la nostalgia de un tiempo pasado y de los nuevos días que vendrían. Tomado de su mano, yo me sentía inmensamente feliz, caminando a su lado sentía que nada faltaba, que la soledad y el frio nunca existieron, las flores que mirábamos en cada uno de los jardines eran todas las ilusiones y los sueños que alguna vez nos propusimos alcanzar. Entre cada paso que dábamos, entre cada silencio, yo iba dibujando pequeños bocetos que podrían de alguna manera explicarle lo mucho que la quiero. Yo solo imaginaba que haría ella si supiera cuanto es que la amo. Ella jamás lo imaginaría, así que me decidí a guardarle ese secreto hasta que yo me pudiese hacer un poco más valiente y dejara de ser el cobarde que se esconde bajo este pobre traje.
Avanzado nuestro andar, aparecieron flores de todos los colores. Habían flores alegres y flores tristes, algunas marchitas y otras que están recién están saliendo a la vida. Entre todo este eterno ramillete apareció una pequeña flor color Violeta, era diminuta y frágil, y trataba de despegarse de la tierra para mostrarse a la vida. Imagine que aquella flor tenía tanto de parecido con los sueños que guarda el vientre bendito y estelar de la mujer que amo.
Seguimos el trayecto, y yo daba pasos escribiendo una historia hermosa, mientras miraba de reojo sus ojos negritos llenos de amor para dar. Se fue apagando el rojo de la tarde, se acercaba la hora del triste adiós, pero las esperanzas que yo había dibujado en esta historia me decían que mañana la volvería a ver. Porque entre el naranjo del cielo y el Violeta de la flor estaba esta tarde que yo siempre esperé. La tarde que siempre amé. Y su nombre era Claudia.
lunes, 7 de noviembre de 2011
El Error

Todo ocurrió un día de esos interminables de lluvia. En el tiempo en que las noches eran aún largas y los vientos se hacían de hielo.
Esa mañana floreció de forma mágica el rosal, y el aire frio se impregnó de todo su aroma. Ese día también floreció el ciruelo y despertaron los caracoles del jardín de la casa.
Al ver esto, sentí que aún no despertaba del sueño. Creí en el error de mis ojos y poco duro aquel espejismo. Pero gracias a ese error, el rosal, el ciruelo y los caracoles pudieron creer que alguna vez se acabaría el invierno.
Y yo también.
lunes, 24 de octubre de 2011
El Espejo

El espejo narra la historia de una tarde de septiembre. En ella se cuenta que ha pasado un tiempo desde que se encontraron aquella tarde. Ellos han recorrido las calles y contemplado como los muros pueden gritar en silencio. Sus manos se juntaron y surgió la infinita fuerza de los que creen en los sueños. De esta forma fue como comenzaron a volar. Coincidentemente, aterrizaron en esta vida, en algún punto de esta metrópolis esquizofrénica y ansiosa de consumir. La vida los hizo coincidir en unos de sus paraderos, entre una de sus tantas vías y de esta manera esta debe haber tomado el camino correcto.
Hoy se encuentran aquí, inmersos de lleno en la aldea global, instalados en sus callecitas, y se propusieron aportarse el uno al otro, y también aportar a los demás lo que sus manos pudiesen entregar. A juicio de estos amantes, el arma más poderosa. Caen en la agonía de una cama desenfrenada. El placer, los impulsos y tantas ganas de amar. Lloran por el tiempo perdido y se vuelven a rehacer. Siempre con la esperanza de que unidos pueden llegar más lejos.
Apostando a la libertad de pensamiento, diría que ellos sienten lo mismo que yo estoy sintiendo. O debe ser que la historia que acabo de narrar es solo el reflejo de mi alegría, mientras miro mis canas en este espejo.
sábado, 24 de septiembre de 2011
De Madera y Clorofila

El solo quería tocar el cielo. Sus padres engendraron su semilla amparados en el secreto de la vida. Sus ancestros fueron quienes cosecharon el fruto y arrancaron su placenta desde el bendito pubis de una gota de agua. Y de esta forma dio a luz y así broto la flor.
Siempre estuvo convencido de que sería tan alto como soñó. Pero paso el tiempo, y el corazón de madera seguía esperando. Los inviernos pasaron uno tras otro, aguardando que la profecía se cumpliese, pero las arrugas de su piel echaron abajo sus lagañas y comprendió el paso del tiempo.
Hoy se encuentra en medio de la nada, tratando de convencerse de que su destino aún no está escrito. Reflexiona, juega con el viento y a la vez comprende que las ilusiones son fáciles de hacer y que tal vez soñó demasiado.
Hoy se dedica a repartir alegrías y cuida de los enamorados. Además alimenta la tierra, reparte aire y juega con las hormigas, mientras yo contemplo impávido tratando de aprender la lección.
Me acerco para despedirme y tratar de empapar mi corazón de clorofila, quiero que cambie de color. Pero fugazmente deja caer una de sus tiernas hojas, la más hermosa de todas. En ella se encuentra grabada esta historia, que gentilmente recogí, la guarde en mi libro y la lleve conmigo.
martes, 9 de agosto de 2011
Desgraciado
martes, 19 de julio de 2011
Instrospección y El Hombre de Abrigo Negro (Pequeña Vivencia Mendocina)

Han pasado algunos meses y muchos días, desde que decidí lanzarme definitivamente a esta aventura. De esta forma, quería en carne y alma comprobar si podría sobrevivir o sobremorir de esta manera. Me animé a desprenderme de muchas cosas, todo aquello que de alguna u otra forma mantenía atado mis pensamientos y convicciones, se fue evaporando, así de a poquito, entre alegrías y penas.
Nunca he sido muy bueno para hacer lo que se supone que debería hacer. O por lo menos, lo que muchos esperan de mí. Entonces fui haciendo amistades desde ese punto, tratando de encajar entre lo que me gusta ser y lo que desearían que fuese. Pero yo solo me empeño en no hacerle daño a nadie.
Así me encuentro hoy en día. En una combinación de sudor y rabia, pero con la frente en alto. Camino por la peatonal Sarmiento escondiéndome de las miradas, mis pasos largos me cobijan. De alguna forma trato de conservar lo más ritual entre lo humano que nos rodea. Llenar ese vacío que aguarda en cada esquina, y tratar de resolver día a día el enigma entre la alegría y el llanto.
Hay un hombre de abrigo negro dando sermones en el lugar. Por un momento me recuerda la plaza de armas de Santiago, plagada de sus charlatanes que creen tener respuestas para todo, hasta para salvar a la humanidad y que no hacen más que sembrar el miedo y ceguez en las cabezas de quienes tienen la mente frágil. Pero este hombre es distinto, no habla de política y mucho menos de religión. Tiene el anhelo de querer vivir en un país que no tiene nombre, que se llama aire. Habla de echar raíces en una tierra sin dueño, que está aburrido en donde habita, porque siente que no se han hecho las cosas bien, que no hay un verdadero amor, que no hay una verdadera convivencia. Dice que en su tierra natal existen todas las cosas a la mano, un mundo de comodidades, pero siente que a la larga se sufre mucho más. Piensa que somos humanos porque estamos no más.
Enciende un cigarrillo, y entre el humo del tabaco se dibuja una silueta. Tiene forma de mujer, debe ser aquella musa que habita solo en su cabeza. Se llena de ideas y el cigarrillo se consume, al igual que su tiempo. Mira las vitrinas de Av. San Martin como buscando un objetivo. De pronto exclama: “El hombre de hoy es un hombre desamparado”. Todos lo miramos con detención y el silencio se apodero del lugar. Sin decirnos nada, podía yo leer en su mente lo que estaba tratando de expresarnos; sabía que estaba agobiado de ver al hombre actual encadenado a su propia pobreza, incapaz de detectar alguna arruga en el espejo cada mañana; buscando la felicidad en la mejor oferta y donde se entreguen los menos intereses posibles.
De un momento a otro, escapó muy de prisa del lugar tratando de perderse entre la gente. Lo seguí un par de cuadras, en dirección desconocida, hasta que lo perdí de vista. Desconcertado y con la duda de saber quién era aquel hombre de abrigo negro, camine buscando la ruta de regreso a casa. Al esperar cruzar la calle con luz roja el semáforo, alguien toca mí hombro. De inmediato el olor a tabaco delata al misterioso señor, quien al voltear me pregunta si es que pienso que él se encontraba loco o que pertenece a la raza de los pesimistas. Solo respondí con un breve movimiento de cabeza, afirmando una negación.
Creo que puse cara de asustado, y el asentó con una sonrisa. Me dijo textualmente: “Che, ojala que los pantalones no los hagan nunca más con bolsillos, para que no carguemos con cosas innecesarias, que nos hagan más pesados y nos impidan el vuelo al soñado país”. Luego, se esfumo nuevamente entre la multitud de gente.
Reaccione tarde del letargo, impávido me animé a caminar de regreso. - Lo malo es que me di cuenta que estaba perdido en las calles de Mendoza -. Mire al cielo, y me regale una de las mejores sonrisas que he tenido en mi vida. Tal vez encuentre algún atajo, ni pregunten como llegare a casa. Sé que no le importa ni a dios, ni me importa saberlo.
No lo pensare más y de una vez me pondré a caminar, porque ya es hora del Matecito, y esta tarde más que nunca, no me lo quiero perder.
miércoles, 8 de junio de 2011
Imagen y Semejanza

Unos cuantos bronces convertidos en monedas, eran el peso justo de la conciencia de aquel hombre sin valor, y que eran guardadas en lo más recóndito de su bolsillo; Estas monedas no eran mas que unas simples migajas de pan, que habían sido recortadas de su amargo salario mensual.
Trataba de esconderlas, arropaditas en el “bolsillo e´ perra”, para así conservar los signos por los cuales hoy se encuentra vivo; Una cara y un número.
De esta manera, ese hombre rinde culto sagrado a estos códigos, día y noche, a sol y a sombra, los cuales a diario van tallados en su frente, al igual que esas monedas, a su imagen y semejanza.
domingo, 29 de mayo de 2011
Riel de Otoño

Las viejas calles de adoquines, esas que guardan los secretos de cientos de manos obreras, cobijaron la caminata melancólica, un poco triste y un poco en broma, en esta fría tarde de otoño.
Tres pasos a mi izquierda se encuentra una oxidada línea férrea, la cual transportó entre sus delgados metales a miles de personajes anónimos, a millones de sueños e inimaginables historias que parecen no haberse evaporado ante el paso del tiempo.
El tímido sol parece no haberse asomado por este lugar. Puedo sentir la soledad de los metales y el abandono cómplice que acompaña a las piedras, a los bloques cuadriculados que forjan mi camino. El mismo metal que hace callar a las estatuas de bronce, la misma soledad que hace que estas guarden un silencio perpetuo, a todas aquellas que alguna vez tuvieron algo que contar.
Trató de tomar una Fotografía, quisiera contar lo que me pasa en este momento. Desenfundo y cargo mi arma, mi pistola. Esta también tiene algo de metal y también es algo solitaria, con la diferencia que no dispara balas, sino únicamente, destellos de luz.
Al acercarme, veo que este pedazo de fierro tiene nombre y número. Además, divide mi camino en dos. Ahí es donde observo que también tiene venas, y que su sangre corre a través del riel. Trato de buscar su corazón, aquel que marca el compás del tiempo en que ha sido olvidado, pero me es vano el intento.
Me pongo de pié, levanto la cabeza, y al dar tres pasos a la derecha una suave brisa me acompaña. Es el viejo tranvía, que a mi costado va pasando como un fantasma.
Es increíble como aquel viejo carro acompañó mi sentir, y se dio cuenta que al igual que su corazón, el mío también estaba triste.
lunes, 25 de abril de 2011
Mostro Gorilón

Danahe me conto que el "Mostro Gorilón" puede coger en cada una sus manotas, 48 personas, ya sean grandes o niños.
Tuvimos miedo, nos abrazamos en el sillón, y esperamos junto a la ventana que este especimen malevolo se fuera sin vernos.
Danahe aun temblorosa, me conto que entre otras cosas, también le encanta comer tios miedosos.
domingo, 17 de abril de 2011
Transformación

Es hermosa, aunque yo creo que no lo sabe. Siempre sube en las mañanas, una estación después que yo. Conscientemente la espero, no puedo ni quiero mentirles. Se sienta y empieza con su cambio: algo de base, cremas, pinturas, un poco de sombra y lápiz de ojos. Hay días en que no la encuentro, puede que se me haya perdido entre tanta gente o debe ir en otro tren. Pero hoy la vi, y es hermosa.
Sigue con sus pestañas, y luego de diez estaciones termina cambiando el suave color de sus labios. Es hermosa y no lo sabe.
Pero yo lo sé, porque la veo cada día antes de su transformación.
sábado, 9 de abril de 2011
Pajaros Prohibidos

Los presos de la dictadura uruguaya no pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros.
Didasko Pérez, maestro de escuela, torturado y preso por tener ideas ideológicas, recibe un domingo de 1976, la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel.
Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos., y el dibujo pasa. Didasko le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas: “¿Son naranjas? ¿Qué frutas son? Y la niña lo hace callar, Sssshhhh, y en secreto le explica.
-Bobo. ¿No ves que son ojos?...Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.
(Memoria de Fuego - Eduardo Galeano)
martes, 1 de marzo de 2011
Los Heroes del Rock (Extracto, Documental "Las Horas del Día", Manuel García)

Sigue el curso inevitable el sol, dobla tu voz y duérmete.
Por lo menos inténtalo.
Cae en la traslación tu sombra, un remo.
Los héroes del Rock van a cantarte esta canción.
Es tarde, pienso que es mejor que el tambor te lleve hasta el delirio.
Y regresarás al sitio de donde eres.
Trata de pensar que el corazón marca el compás, no temas más a continuar el camino largo del destino.
Cada bala suave en el cañón, con ese pelo hijo por dios caerás despacio entre los signos.
Y regresarás al sitio de donde eres,
y regresarás al sitio de donde eres…
martes, 12 de octubre de 2010
La Fuga
A pesar de este escenario algo perturbado, siempre guardo una pequeña esperanza. Mantengo la fe ciega e intacta en lo que me depara cada esquina; miro los televisores, y solo veo puñados de gente queriendo escapar de esta cruda realidad.
Camino por los espacios cívicos, tratando de buscar lo que nos queda de identidad, escarbando en busca de algún gesto solidario, que pueda devolverme la esperanza en esta melancólica tarde de octubre.
En las identidades individuales, puedo ver personas anónimas y consecuentes. En la identidad social, veo solo un desierto. Trato de huir, hundo mis costillas y corro en busca de un suave asilo que libere el triste calvario en que me encuentro.
Emprendo la fuga, me aferro a la suerte y evalúo todas las alternativas de supervivencia. Permanezco quieto, y pienso en las posibilidades que existen para cada uno de remediar sus propios fantasmas.
Así contemplo Santiago. Una ciudad nostálgica en búsqueda de su propio pasado, perdido entre las galerías del centro, esa red de pasillos interconectados tan única en el mundo. Esta ciudad es la posibilidad del tránsito, el espacio compartido en el que es posible esperar un cambio. Una ciudad en transformación, en recuerdo de su dominio, un bar antiguo, un kiosko, baldosas y estatuas de bronce.
Veo todo este Santiago a través de una ventana, mediante un plano general en que contemplo cada uno de estos detalles. Sus calles son con apellido, reconocibles a primera, son sitios patrimoniales. Calles en las que al parecer es posible mirar hacia un futuro algo menos confuso y algo más luminoso. Con una cierta fe de por medio, en que las cosas eventualmente estarán mejores. O al menos, que podrían estarlo.
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